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#Microcuento

Ese preciso instante en el que decides bajar la luna para que te susurre al oído por dónde debes ir. Baja a tu vera y te guía, para dejarte después sola ante el abismo. Le has pedido ayuda para poder salir, para no quemarte ni dejar que el fuego arrase al de enfrente, sin embargo, te ha dejado con la miel en los labios, temblando -de nervios, de miedo o de amor-, te ha dejado en blanco y ya está aquí el anochecer. Llega sin hacer ruido, otro día más - como siempre hace y sin avisar - y se sienta a tu lado. Como sabe que te gusta, empieza a susurrarte al oído, tal y como había hecho la luna, pero, no se da cuenta de que el fuego quema y de que ha dejado que el suyo me queme a mi. Intenta ahora reparar las heridas, pero no sabe que es imposible reconstruir la ceniza. 

Ahora sí.

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Si la vida es un juego quiero perder y verte ganar. Si la vida es un juego quiero apostar y verte brillar.  Que ganes cada partida, que triunfes en cada tirada. Quiero que tu luz te guíe en tu propio camino, que sea aquí y ahora el momento en el que eches a volar.  Mi objetivo es verte crecer, conseguir que llegues allí donde tú quieres.  Quiero que juegues; que ganes.  Quiero que grites a los cuatro vientos que por fin lo has conseguido, que todos aquellos que decían que no tengan que rectificar.  Es ahora, ahora o nunca. Puedes; y yo quiero.  Es tan fácil como bonito es verte reír. Ahora sí.

"Pongamos que hablo de París"

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Sin duda la ciudad que más amaba era París. Ciudad que me vio nacer, crecer, salir... pero como todo lo que amo, la destruí. París me vio crecer siendo feliz, conociendo mundo. Sus cafeterías, sus libros, sus bibliotecas y sus enormes estanterías. Todo era perfecto. Todo era perfecto para mí  y me enamoré. Me enamoré como se enamora un joven que sólo sueña, me enamoré tanto como un matrimonio anciano que no dejará jamás que se apague la llama. Pero me enamoré, me enamoré y enloquecí. Corrí por las calles de París sin mirar atrás, lo tiré todo, pisé sus flores, destruí sus aromas. Destruí lo que más amaba, ya me había acostumbrado y todo me sonaba igual. Yo quería amar, pero amar algo diferente. París me decía que no podía cambiar, todos la amaban así, mi París. Algo dentro de mi había cambiado. La destruí. Dejé que su luz se apagara, la luz que me vio nacer. Dejé que se fuera toda su dulzura. Quemé libros y destrocé estanterías. No quería nada igual, y no me entendía. ...

#Microcuento

Bailábamos a ciegas hasta que el mundo se paró por unas horas. Estallaron sin preguntar. No avisaron  a nadie. Cuando amaneció el mundo parecía abrir los ojos a una realidad que no había querido ver sólo porque estaba un poco más allá de su continente  y quedaba lejos, parecía que nunca iba a llegar hasta nosotros.  Ahora intentan cambiar, solucionar, cuando miles de personas lo llevan pidiendo a gritos infinidad de tiempo.

"Que los que matan se mueran de miedo", Chavela Vargas.

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"Que los que matan se mueran de miedo" decía Chavela Vargas cantando con Joaquín Sabina. Ayer el mundo volvió a temblar, hoy se vuelve a paralizar para denunciar la falta de humanidad. Estamos rodeados de humanos que no saben lo que es la evolución. Estamos rodeados de humanos que aún no han conocido la cordura de dejar la violencia aparcada para conseguir una humanidad decente. No son capaces de cambiar, de dejar que sus ideales evolucionen a la vez que lo hace la sociedad. No saben y lo pagan por los demás. Rechazados por todos vienen a por los más débiles, a por lo que no tienen culpa de haber nacido en un mundo sin humanidad suficiente.  Ahora que ha pasado en occidente todos los hemos echado las manos a la cabeza, pero lleva años pasando en oriente. Los inocentes pagan los crímenes más fuertes sin tener motivo. Ojalá imaginemos un mundo sin barreras entre países, entre religiones como decía John Lennon, imaginemos a todo el mundo viviendo hoy, no es  difícil d...

#Microcuento

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Y sin decir adiós se dejó marchar. Mirando quedaron boquiabiertos sin saber que había pasado en aquel niño risueño y feliz. Había cambiado, había dejado de ser él. Por fin se dieron cuenta de que nunca volvería a ser él. Es ahora, es la hora de empezar de cero.

Mi querida España...

Hoy me paro a hablar de nosotros. De cuando estábamos sentados en aquel banco hablando sobre un hipotético futuro que aún no sabemos si llegará. Yo pensaba en un país totalmente igualitario, tú querías que todo cambiara. Yo pensaba en entrar a la universidad y tú querías protesta. Ahora aquí estamos, a ti no te hacen caso y a mi me lo hacen prácticamente imposible. Separados pero aún con el mismo propósito, tú en tu cama y yo en la mía, sin saber qué será de nuestro futuro. Tus protestas se quedan en eso, en simples manifestaciones conmovidas por la desesperación y mi gran ilusión se nubla cada vez que pienso o pensamos en el próximo año. Hoy sabemos lo que tenemos, menos que ayer, mucho menos que otros años anteriores, pero mañana no sabemos qué tendremos. No sabemos si tú conseguirás que te hagan caso, que os escuchen y que muevan las fichas pensando en vosotros, los que realmente estáis y estamos sufriendo. No sabemos si yo acabaré donde más me gustaría o donde menos me hubiera ima...